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Horas muertas, jamás perdidas...

Aquí trato de liberar mis propios sueños de mi interior, compartiéndolos de forma anónima, para que no se desvanezcan en el olvido.

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Sunday, 26 November 2006

No recuerdo de qué era la clase, pero no parecía muy académico. En un aula muy gris, hecha como un teatro griego en miniatura, estaba sentado cabe una chica asiática muy simpática.

AulaAmbos habíamos salido en el descanso. Volvimos y vimos a todos reunidos. El profesor pidió la colaboración de un alumno con jersey de color apagado. Cuando acudió, me di cuenta de que del jersey no surgía cabeza alguna. El profesor le descubrío el torso y se vio que el engendro ni siquiera tenía hombros ni brazos, tan sólo una ancha cicatriz de un costado a otro.

Miré a mi alrededor, asombrado, ahora estábamos en un garaje, nadie parecía sorprendido, tampoco yo, por aquel ser tan extraño. Me percaté de que muchos más personajes acéfalos nos rodeaban, con la piel ajada, sin color, humanoides sin cabeza que me hacían estremecer pero no me daban miedo.

Dos notas respecto de este sueño por las que me resulta curioso:

  1.  No era una pesadilla, a pesar de los horrores de los que hablo; todo se me hacía extrañamente normal.
  2. Tampoco me sentía extrañado por que estar extrañas criaturas pudieran estar vivas con unos cuerpos tan mutilados (especialmente cuando su característica principal era la falta de cabeza).
De vez en cuando hago el ejercicio mental de buscarle algún significado a algún sueño, pero con este estoy más que perdido, la verdad.

posted by: vir at 00:54 | link | comments (1) |

Tuesday, 21 November 2006

De la sequía al anegamiento
Así suele ir mi pensamiento
Pendulando entre ser silente
y la verborrea de la mente.

He sufrido muchos cambios en los últimos meses, todos para mejor. La escritura solía ser una terapia, sea ahora lo que siempre he querido: un ejercicio.



He soñado con un lugar, un pueblo, que solía estar rodeado por las aguas, quedando como una isla emergiendo sobre un precioso laguito.

PantanoAllí íbamos unos amigos, caminando por unos terrapelenes tristemente secos. Antaño magnífico, un antiguo estadio ruinoso se había visto desde la otra orilla como una inmensa bañera llena casi hasta el borde, o bien desbordando agua a la depresión que la circundaba.

Buscando entre las ruinas nos topamos con una historia; encontramos el bar que abrió y también cerró el señor Santiago (el viejo bar de mi pueblo). Además estuve más tarde con mi familia comiendo algo en una terraza muy curiosa, compuesta por triclinios romanos. Allí cantamos juntos "El Minero" de Antonio Molina acabando yo con un contenido solo de pecho.


[Viernes, 8 de septiembre, 2006]

posted by: vir at 23:51 | link | comments (2) |