[Jueves, 11 de enero de 2007]
Madre mía, sí que hace tiempo que no escribo. Lo siento, gajes del oficio.
Mi jefa conducía un coche amarillo hecho como una caricatura. El pobre bólido iba botando por una escalinata, recorrida la cual llegamos (a salvo, a pesar de todo) a un enorme acantilado que daba al mar. Mirando hacia abajo vimos que la tierra se abría en estrías verticales formando canales caprichosos como regueros de agua y precisamente las olas turquesa brillante subían por aquellos canales. El precioso mar embravecido hacía que estas rompientes llegasen hasta la parte alta del acantilado, por lo que no podíamos aventurarnos a bajar hasta el mar.
Acto seguido, bajamos descolgándonos de cuerdas hasta la superficie del agua, y según subían las espumosas aguas trepábamos con ahínco por aquellas cuerdas blancas, y así sucesivamente...
[Martes, 9 de enero de 2007]
Viejo café de mesas de mármol y forja y altos pilares de hierro fundido. Viejos amigos, tan viejos y sólidos como las paredes entre las que nos encontramos, la misma ciudad de siempre. Al pedir... un reencuentro inesperado; las hermanas B. y S. estaban en la barra. Me costó reconocer a B., pero cuando lo hice mi corazón dio un brinco, impetuoso. Me preguntó, quizás, por qué le miraba fijamente tan embobado...
— Me gustas, más aún, te quiero; eres la chica de mis sueños. Sé que apenas te conozco, pero me gustaría sumergirme en las profundidades de tu alma, nadar en todas direcciones, aprender de ti y beber de tu esencia para hacerme tuyo...
Como aclaración debo recordar, que durante los sueños no hay diferencia entre el mero pensamiento y las palabras pronunciadas.
Nuevamente ya no importó la aparición de una anciana, ni que con el susto tomara un sorbo de café con leche de otra persona (muy raro en mí, siempre lo tomo solo), ni que casi me plancharan sobre el asfalto cuando caminaba temerario por el centro de una carretera. Ni siquiera me pesó el levantarme una hora y media antes que el despertador a escribir todo esto.
Otra aclaración. Si representara con una línea la historia, de haber alguna historia, entre B. y yo, sería una línea discontinua, de tan sólo dos trazos, cortos y muy separados además. Puede que también hubiera media docena de puntos, aquí y allá, pero no llegarían a esbozar más la figura de la frustración.
Dura semana, por algunas razones todo parecía evitar el que escribiera, todo excepto el flujo de creatividad y vida nocturna.
[Lunes, 10-1-2007]
Sumido en el reino de Morfeo
Alzo mis brazos y veo
Que apenas dos tiras de piel
Sostienen mis manos sin caer.
Angustiado las mantengo,
Muy bien juntas las sujeto,
En recíproco equilibrio y corro
Buscando como un loco
A un cirujano que me valga.
Ni duelen, ni caen ni sangran,
Ni ayuda alguna encuentro...
Al abrir los ojos, es increíble,
En las muñecas mantengo
Una cicatriz invisible
Y un continuo hormigueo...
Vivo justo encima del Camino de Santiago, como tanta gente, y siempre he querido hacerlo, como tanta gente. Anoche era un curioso peregrino que caminaba justo en dirección opuesta; hacia casa. Iba con una acompañante desconocida y paramos a refrescar nuestros maltrechos pies en el río junto a un puente románico, pero como estábamos cerca de mi hogar, decidimos continuar en seguida.

Seguimos la húmeda orilla del río y cruzamos un par de palabras con dos aldeanos. Entre el barro descubrimos la espeluznante imagen de un bebé inmóvil con una carita pálida y muerta. Agachándonos retiramos la tierra de su alrededor y le dimos la vuelta para descubrir que la niña seguía viva. Intuyendo que aquellos dos hombres de antes eran los que habían hecho aquello a la criatura, la tomé entre mis brazos y corrí con mi compañera de camino para ponernos a salvo. Nos pisaban los talones cuando entramos en una extraña construcción con una estrecha fachada de pocos metros de ancho y un piso de alto pero que parecía interminablemente larga. Una puerta y otra puerta y otra puerta más allá, siempre recto no había otra salida; una cocina pequeña, un salón diáfano y muchas otras estancias hasta que nos escondimos en una bañera y cerramos la cortina. Aquellos hombres entraron allí, nos vieron y... (...) ==desperté==.
La noche del pasado día 30 cené con un amigo e hicimos un repaso de lo que había sido el 2006; bien de comida, dos botellas de lambrusco rosado, y quedamos contentos con el repaso. Quizás en parte por efecto del vino, por el repaso de fin de año o por lo que sea soñé una larga historia, casi épica.
Ni siquiera recuerdo si aquel río del que salí chapoteando fue creado en otro sueño, pero ascendí por una rampa a un viejo monasterio del medioevo. Lleno de piedra era un escenario digno de Scaramouche, y en las cocinas me encontré esgrimiendo un trinchante y un cuchillo ejercitando el arte de la "espada" con un contrincante a quien tenía por hermano (como Messala y Judá en Ben-Hur).
(...)
Abajo, muy abajo , en el sótano más profundo de aquel hogar, yo colgaba bocabajo de una cruz claveteada en hierro forjado. Como en la máquina de aquel cuento de Kafka, En la Colonia Penitenciaria (texto completo), estaba postrado a merced de la excelencia del ingeniero que inventó semejante instrumento. Era capaz, como sólo los finísimos corales pueden, de abrir en la carne delgados surcos que apenas sangran; no se ven pero escuecen más que nada en el mundo. Toda la parte derecha del cuerpo me ardía cuando me levanté, lavé la escasa sangre que había fluido y me fui vistiendo sin darle importancia a mi piel hecha jirones.
(...)
Más tarde volaba a Japón, a ver a una amiga que vive allí. Estuve un tiempo con ella y llegó la despedida. Un lloroso "adiós"; mis ojos revelaban el deseo de quedarse, pero no podía ser. Vuelo cancelado, lío en el aeropuerto, una pizca de esperanza y luego un golpe de "suerte" al ver que nos invitaban a unos dulces antes de entrar al avión gratis.
(...)
De vuelta en el monasterio camino reflexivo por pasillos de piedra, ¡es todo tan extraño! De las sombras el surrealismo se materializa en una hermana con una rara deformidad que porta a un bebé entre sus brazos.
(...)
Nuevamente la esgrima es mi consuelo. Llevo dos grandes cuchillos y camino solitario por el atrio plateresco a la luz de las estrellas. No paro de afilar mis aceradas hojas la una con la otra. Tras unos cristales viejos veo una imagen tierna: en una luz cálida veo a un viejo amor charlando animadamente con su hermana. La belleza de S. me hace pensar en la aristocracia, es terriblemente guapa pero no me dice nada. Por el contrario B. es muy cercana, como una niña en el regazo de mi imaginación. Frágiles e impenetrables cristales los que separan nuestros dos mundos que contrastan entre la luz fría de estrellas o la calidez del hogar, los candiles y las velas. Enfadado, más bien desesperado, uno de mis cuchillos silba atravesando el atrio de parte a parte, para quedarse temblando clavado a veinte metros en lapuerta del lado opuesto. Unos soldados conversan allí abajo, entre las grises paredes, donde viaja mi otro proyectil, en el centro de los seis, sin rozar a ninguno...
--Despertar-- Y me quedé muy quieto en la cama para que ninguno de los detalles huyeran de mi memoria. Qué sueño tan extraño y cuán largo.
Resumen del año: entre el dolor y el desamor el consuelo de haber mejorado mucho en todo este tiempo. Feliz año nuevo.