Horas muertas, jamás perdidas...
Aquí trato de liberar mis propios sueños de mi interior, compartiéndolos de forma anónima, para que no se desvanezcan en el olvido.
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El Baúl de Precyossa
Reflejos desde Orión
relatos enreda2
relatos enreda2 (mirror)
Scripta manent
Sol de Invierno
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-->Me he despertado esta mañana, he parado esa infernal máquina de molestar, y después he empezado a soñar:
Estaba en un congreso, en mi lugar de trabajo rodeado de gente conocida: colegas, amigos y hasta un primo segundo. Todo era blanco, bonito, y aplaudíamos a cada frase: la felicidad. Más tarde salimos de allí, y condujimos un coche (Porsche Boxter plateado ) por una especie de montaña rusa de asfalto. Era mi primo segundo el que conducía, aunque yo me moría de ganas. De todos modos, estaba en el asiento de atrás con un viejo amor platónico como compañía...
Después estaba con mi familia, andando por los montes. El bosque se abrió de repente y el camino se cortó en lo alto de una pared de roca color ocre. Tenía franjas regulares en horizontal, como si se compusiera de barras cilíndricas muy juntas, del tamaño justo para agarrar con la mano bastante abierta. También podía parecer que alguna bestia gigante la hubiera arañado en horizontal. Debíamos superar el obstáculo, así que ni corto ni perezoso me puse a destrepar por la pared (cosa harto difícil, lo sabréis cualquiera que haya contactado con el mundo de la escalada). La piedra era muy blanda, casi se cuarteaba en mis manos, pero seguía bajando peligrosamente. Escuché carcajadas desde arriba: mi familia estaba indicándome que había una especie de cuerda hacia el centro de la pared. En realidad era más bien una cinta color violeta. Me desplacé hacia allí y me descolgué fácilmente y sin peligro. Abajo seguía el camino, así que proseguimos.
Al tiempo el bosque se abrió de nuevo, esta vez ante un río. En una gran superficie el curso se ensanchaba y formaba un gran remanso de aguas verdes y tranquilas. Era un paisaje agradable, así que decidimos quedarnos allí y descansar. No sé por qué me fijé en una roca del fondo, era como si la corriente la moviera, o quizás fueran algas o... ¡blup! Una gran boca se abrió allí y se tragó algún desgraciado pececillo. Perezoso el depredador se dio media vuelta y fue contorneando su larguísimo cuerpo hacia la zona más profunda de la balsa. Calculé que mediría unos tres o cuatro metros, y me pregunté qué podía hacer allí semejante monstruo. Sin pensarlo mucho cogí un palo grande, como un poste de esos que forman las vallas del campo, y aceché en la orilla para cazar al coloso para el almuerzo. A veces se revolvía el agua aquí o allá, entonces apaleaba el agua, porque nunca conseguía nada más. Después de un rato crucé el agua hacia mi familia, porque durante la operación me había alejado bastante. Estaba con el agua hasta las rodillas cuando el temor entró en mí, imaginando que ahora la bestia me tenía en su terreno. Salí corriendo con el corazón golpeándome fuertemente y me sentí un niño miedoso.
Un coche se tambaleaba entre los baches, graciosamente esquivaba los árboles: era un R5 bastante viejo. Nos pasó cerca y tomó la curva al rebasar el río. Como la pista era estrecha empezó a maniobrar ágilmente entre las piedras, el barro, los árboles y el río: adelante, atrás, adelante, atrás... Finalmente se quedó encarando el camino por el que había venido, y empezó a salir gente del pequeño bólido: la conductora era la hermana de una amiga mía, que a su vez salió de la parte de atrás (hace muchos meses que no nos vemos porque vive muy lejos, y me gusta echarle un vistazo en los sueños para ver cómo está ), también uno de los cientos de tipos llamados Pablo con quienes me junto últimamente. Iba presentándoles a toda mi famil¡a...
¡Cáspita, llego tarde!
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