Tres brujas sirven a una cuarta en sus ambiciones de conquista. Parte de corte erótico, muy típico de la brujería. Un pequeño país de gente diminuta tiene el peligro de ser gobernado por la fraternidad de la maldad. Las ciudades ocupadas por el enemigo viven encerradas en sus casas, con miedo y dolor. Una de ellas parece un gran zepelín, elevada sobre grandes pilastras de aspecto retorcido, allí un héroe nacional vive preso de las brujas, y es ciego, como todos sus conciudadanos. La resistencia pretende rescatarle, así que llevan allí un elefante inmenso con los ojos vendados, cuya cruz llega a la parte alta de la ciudad. El famoso héroe se descuelga por una escala, se ata al elefante y le sigue en silencio mientras aquel avanza de puntillas para alejarse de la ciudad (...)
Dos buitres y tres huevos: es nuestro festín particular. Toda una cena de reyes para tres en fraternidad. Cansados caemos en la playa: el mar salpica, la arena masajea nuestros pies, y entre la piedra y el océano sólo un resquicio que vigilar. A marcha forzada hemos huido por las montañas, caminando desde la mañana, cuando las rocas apenas se veían entre la niebla, avanzó el día, empeoró con la lluvia y buscamos refugio.
Esto era yo hecho dibujo animado, un pequeño cabezón en un videojuego de plataformas: saltos increíbles, rayos mortíferos rojos y azules que actuaban como lianas enredándose a los obstáculos y fulminando enemigos.
Todos parecían iguales, pequeños cabezones repetitivos que caían por el final de la pantalla para no volver. Uno no era así, se enganchó a mis lianas y me arrastró abajo, a la oscuridad.
BOSS LEVEL: El duelo de las espadas de tres hojas.
Con la rodilla izquierda en tierra y su espada apoyada en la punta esperaba sobre el escenario. Parecía un vikingo, robusto y de pelo salvaje. Allí aparecí yo, al otro lado de un teatro de telón rojo, y él se rio de mi cuerpo de niño.
Comenzamos el combate con espadas de proporciones y aspecto caricaturescos: tres hojas enormes y paralelas saliendo de una empuñadura ridícula. El combate era arduo, ambos sudábamos con ahínco, le hinqué de frente en el pecho y tres heridas sangraron pero él seguía riendo, siempre riendo, ninguno hacíamos mella en el otro, saltando, esgrimiendo, luchando.
Yo hacía tortillas por la noche: dos huevos, vuelta y vuelta en la sartén, un puñadito de sal gruesa, otro huevo encima y seguir batiendo. Otra tortilla y otra... 22:30, demasiado tarde para llegar a tiempo: una beldad morena se queda sin cenar, y yo sin conducir el coche rojo.
Compramos entradas en un cine. La película se estrena dentro de 30 años, porque ahora salen del cine gente con entradas de hace 30 años... Ufff. El teatro era conocido de otros sueños, con sus palcos lacados en blanco con detalles dorados, un gran telón rojo, y una entrada cochambrosa desde un suburbio.
Llueve fuertemente contra mi ventana, creía que era real, pero todo está casi seco cuando salgo por la mañana...
He soñado con castillos en el aire, torres inmensas, casi ciudades. Flotaban y giraban, todos sus edificios en horizontal contra el cielo se recortaban, y así crecía la hierba sobre sus laderas mientras rotaban lentamente.
Vorágines de color, fortalezas enemigas, no se conocía la vida tranquila, y allí estaba yo , curioso observador, impávido y admirando la maravilla.